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domingo, 8 de febrero de 2009

La pedagogía de las emociones



Un día pedí a mis alumnos que escribieran en sus cuadernos una lista con sus debilidades y fortalezas, muchos comenzaron a recordar lo que habían trabajado con su psicólogo, mientras que otros recordaban lo que les habían dicho que eran, mientras que en medio de los alumnos, ella comenzó escribir una lista más o menos larga de debilidades, y cuando me acerqué a observar lo que había escrito, el lado de fortalezas estaba vacío, entonces la pregunta no se hizo esperar, ¿Cuáles son tus fortalezas?, un silencio se sintió como respuesta, y luego este silencio se rompió cuando la alumna con sus ojos muy tristes me contesta, es que no sé qué escribir. Mi reacción fue de asombro, e insistí con la pregunta. ¿Es posible que no encuentres alguna cualidad en tí?. El silencio de su voz fue acompañado de una mirada vacía, deseosa de encontrar una respuesta, ella quería saber, solo que otra vez su conciencia y sus pensamientos negativos pudieron más y la respuesta fue un simple No, no tengo que escribir.


Yo la imagino cuando esté frente a un entrevistador de trabajo, el cual le hará la misma pregunta: ¿Qué cualidades posee?. ¿Qué responderá?, es posible que ese día por una estrategia de supervivencia laboral, responda lo que el entrevistador quiera escuchar, pero ¿qué tan cierta será su respuesta?. Es así que se hace imperativo generar nuevas estrategias pedagógicas de enseñanza aprendizaje, pero esta vez que traten algo que muchas veces no toman en cuenta, creo que es hora de practicar la pedagogía de las emociones. Aquella que busca reconectar una parte de su alma con sus emociones, aquella que trate de volver consciente lo que le dijeron que era y que le afecta en su desarrollo.

La pedagogía de las emociones es un enfoque de la ciencias experimentales, que toma como su foco de atención las emociones que se involucran en los procesos de enseñanza aprendizaje, es decir, que el docente debe considerar los factores emocionales de los estudiantes, como son: el aprecio, la disposición, la alegría, el entusiasmo, la inquietud, etc. Todos ellos combinados de la manera adecuada, favorecen el aprendizaje y motivan al estudiante a seguir aprendiendo.

De mis experiencias como facilitador de talleres