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lunes, 20 de octubre de 2008

Sola trabajo mejor




Hace algún tiempo tuve la oportunidad de observar directamente, cómo las preferencias personales pueden influir en el desempeño de un ser humano.

Dentro de los diferentes trabajos que encomiendo a mis alumnos, hay uno en particular que me permite evaluar diferentes actitudes y competencias en los participantes, es el famoso ( y a veces temido): Trabajo por Equipos ( aunque equivocadamente se le conoce como Trabajo Grupal). En dicha tarea, se le encomienda a cada equipo una serie de actividades que deberán realizar y presentar en un plazo establecido y acordado de antemano. Los integrantes de los equipos deberán encontrar la manera de organizarse (reuniones, delegación de labores, cronogramas, planteamiento de reglas y sanciones si es necesario, etc), de tal manera que puedan cumplir con su objetivo: Presentar las tareas completas y a tiempo, ya que de ella depende en gran medida la aprobación del curso.

Durante el desarrollo de sus tareas son evaluadas y además reciben asesoría de mi parte (consultas, resolver dudas, dar mi opinión frente a desacuerdos, etc). Es así como en una ocasión, un equipo en particular, mostraba serios problemas de organización, pues no lograba cumplir con las primeras tareas lo cual generaba discusiones y reclamos entre las integrantes. Luego de algunas recomendaciones y autobservaciones, el equipo empezó a mejorar (para ser sincero, empezaron a tomarse enserio el trabajo), excepto por el caso de una participante que no entregaba a tiempo sus trabajos, perjudicando de esta manera el rendimiento del equipo. Esta alumna justificaba su incumplimiento, por problemas de comunicación en el equipo (curiosamente sólo ella mencionaba esta dificultad en el equipo), finalmente la integrante fue separada del equipo por no mostrarse competente y tuvo que formar un mono-equipo, es decir un equipo de una sola persona.

A la siguiente semana, me di con una gran y confusa sorpresa. Al revisar los trabajos de cada equipo me acerqué al mono-equipo de la alumna y presentó sus trabajos completos y en excelentes condiciones de imagen y contenido, haciéndose acreedora a la máxima nota (ya sabes cuál es ¿no?), procedí a felicitarla públicamente, como lo hago con los alumnos que presentan un desempeño destacado y al finalizar la clase, a solas, le pregunté con muchísima curiosidad: ¿Qué crees que ocurrió? ¿A qué se debe tu cambio?, su respuesta fue inmediata: Es que yo trabajo mejor sola, que en equipo…Sentí satisfacción al observar que mi alumna podía tomar consciencia de cómo funciona, pero a la vez sentí tristeza al reconocer que ella aún no contaba con las condiciones necesaria para trabajar con otros seres humanos.
¿Esto también te ocurre a ti?, ¿cuáles crees que son esas condiciones necesarias para trabajar con otros? Lo discutiremos en otro artículo. Abrazos.

Por. Lic. Estuardo Yacolca

sábado, 11 de octubre de 2008

La imagen de sí misma



Se invita a un voluntario, los alumnos ya se conocían desde algún tiempo, ella siempre de gran voluntad, inteligente, responde al llamado del docente. Sale al frente de todos los alumnos y el docente le pide que cierre los ojos y en silencio escuche lo que sus compañeros opinaban de ella. Y así fue, cada alumna de clase que la conocía un poco comenzó a decir: ella es simpática, es inteligencia, responsable, servicial, amable, de carácter decidido, etc.

Hubieran visto su rostro de la joven, se iluminaba de alegría, su felicidad se dejaba escapar entre sus labios, dejando ver su tierna sonrisa que respondía a cada palabra agradable que escuchaba. Con franqueza puedo decir que si se merecía cada palabra alentadora que le decían.

Mientras que esto ocurría, yo me acercaba con un gran espejo, de esos donde te puedes ver de cuerpo completo, lo coloqué al lado derecho de ella y luego le dije: Ahora te toca decirle a la persona que tienes al frente con sinceridad las cosas maravillosas que piensas de ella, a esto la joven con inquietud me responde: ¿y si no encuentro nada que decirle?. Pues sólo se honesta contigo misma y si no tienes nada agradable que decirle pues quédate callada. Muy bien, ahora gira a tu lado derecho y abre los ojos.

Esa tarde aprendí algo de ella que nunca pude olvidar, aprendí a reconocer el dolor de alguien que no podía aceptarse a sí misma. Ella al abrir los ojos se quedó en silencio y unos segundos después su silencio se convirtió en lágrimas de impotencia y terminó diciendo: No puedo profesor, no puedo decir nada. (basado en mis experiencias como docente)

Por. Angel Crovetto