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domingo, 6 de septiembre de 2015

Los estudiantes-maestros

En un día de clases común, una estudiante sale al frente para rendir una exposición, ya habíamos pasado varias clases en el aula, siempre pensé que mi aula tenía un clima educativo bueno, y en realidad no me había dado cuenta que tan extraordinario era el clima de mi aula, hasta que ella se paró al frente para iniciar su exposición, pero se puso muy nerviosa, se quedó en silencio unos largos segundos, 

yo estaba al fondo del aula registrando ciertos datos de la exposición para que la misma inicie y pueda ser evaluada, para cuando ya la miro a los ojos y le digo: "puedes iniciar por favor". Ella ya estaba en pánico. Me miró a los ojos y todo su cuerpo ya estaba asumiendo una postura de fuga, yo me levanté raudamente de mi silla para acercarme a ella y tratar de calmarla y motivarla al mismo tiempo y un alumno de la primera fila se adelanta y le dice: "calma, solo respira profundo". Yo observé la escena y me detuve, decidí no intervenir. Otro alumno desde una esquina ríe con cierto tono burlón, el primero que la alentaba a la estudiante en pánico, inmediatamente reacciona y lo miró con algo de furia mezclada con indignación y le dice: "así no ayudas en nada", para ello ya toda el aula se dio cuenta de la situación que estaba pasando la estudiante expositora, y comenzaron aplaudir, a darle palabras de aliento, a motivarla. Toda el aula se encendió de un clima vibrante, motivador, yo a un lado solo era un espectador de aquel maravilloso momento que sueña tener, todo aquel que se dedica a la educación. Luego de algunos minutos, la joven estudiante respiró profundo y dijo: "profesor, ya estoy lista para comenzar". Yo sin hacer ruido regresé a mi lugar y sin necesidad de pedir que sus compañeros hagan silencio, ellos mismo se acomodaron para prestar atención a la exposición.  


De ese momento ya han pasado algunos años, francamente no recuerdo que expuso, ni que nota le puse, solo recuerdo que al terminar la clase ella se acercó a mí y dijo con una voz sincera: "gracias por comprender". Y se fue.  


Ahora curso la Maestría en Educación, se me pide que explique ¿qué me enamora, qué motiva que realice esta Maestría? Creo que son esos momentos significativos que te das cuenta que vale la pena el esfuerzo de tratar de cambiar, de ayudar, de educar, de aprender, esa mañana en la clase de la exposición de la joven que estaba en pánico, el estudiante fui yo, y mis estudiantes fueron los maestros. Esa es la magia de la educación. Esa es la magia que me enamora. La esperanza de seguir teniendo estudiantes-maestros.   

Por Lic. Angel Crovetto

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